El jardín de Teo. Por Kike Martínez Goikoetxea

Fue este pasado día 3 de diciembre.

Estamos acostumbrados a referirnos a la muerte como aquello opuesto a la vida. Sin embargo, Teo la incluía en sus reflexiones, en sus trabajos, como parte intrínseca de la existencia. Desde hace un par de años he tenido la oportunidad de conocer más de cerca su trabajo y también su persona. Sin duda ha sido durante uno de los momentos más duros de su vida, tras el anuncio de la fecha de su muerte, de su paseo por el jardín de invierno.

No han pasado ni veinte días desde que nos encontramos y estuvimos hablando de su pasión por la música, del gusto por la lectura de Murakami, de varios proyectos abiertos, algunos comunes, como el montaje en Salinas de una de sus instalaciones, del cuidado del alabastro, de sus jardines.

Hay algo que emociona entre todas las seducciones que emanan sus trabajos: la quietud de su sabiduría, sin estridencias, casi ignorante de su presencia. Todo en Teo, y en su obra que es él, parece circular en ciclos, ser partes de un rizoma coherente, del que se van desvelando pequeñas anécdotas, pliegues y asombros que le atraen y que cree que pueden sernos atractivos.

Las horas de trabajo en sus cuadernos de campo que le acompañaban a todas partes se traducían en una conversación pausada y en pensamientos nítidos, abiertos a la interpretación y la manipulación del que los recibía. De un tiempo acá encabezaba el título de sus piezas con la mención al jardín; jardín como lugar de encuentro entre la naturaleza y la cultura, del equilibrio entre las fuerzas del tiempo y el cambio, del dominio del caos, del trabajo y el deseo, del conocimiento de lo real y lo onírico. Su conversación compartía sensaciones con un paseo por estos espacios. La mente volaba guiada por sus palabras por multitud de sensaciones, citas a Polifilo, al renacimiento, a la tradición, las plantas silvestres…

Tras saber de su muerte, he querido compartir con él varios paseos, sintiendo la luz del invierno, el frío bien asentado en la fuerza del viento, la conciencia de vida en cada silencio. …No soy capaz de encontrar poesía en el dolor, en la muerte, me dijo alguna vez. Sin embargo si ha sido capaz de encontrar serenidad y algo de lo que me asombro, el coraje de trasmitírsela a los demás. Atribuyen a Leonardo el comentario de que de la misma manera que un día bien empleado nos conduce a un dulce sueño, una vida bien usada nos dirige a una dulce muerte.

ARTIUM mostrará en los próximos días varias de sus obras en la antesala del museo, a modo de recuerdo y homenaje. De igual manera, está en desarrollo el estudio de instalación de una de sus obras emblemáticas, El jardín de la vía láctea II, depositada en ARTIUM, en el contexto de las Salinas de Añana, un lugar cargado de especial significado para Teo Sabando.

Estar siempre empezando, por Cristina Redondo

Uno a uno, van cayendo.

Mientras el señor Justo Gallego sigue levantando a mano su obra catedralicia en Mejorada del Campo, Madrid, las ciudades derruyen, como pueden, aquello que una vez edificaron y llamaron cultura, o llamaron Festival de cine documental, o llamaron Centro de Expresión contemporánea, o llamaron conocimiento, o llamaron investigación, o llamaron subvención para la creación, o llamaron patrimonio inmaterial de las comunidades.

Como si perdiéramos la confianza en el futuro, hay quien condena al ostracismo a las piezas clave en la transformación de los individuos. Somos legos todavía, no aprendemos por mucho que la historia nos de lecciones recurrentes, y como el juego del lego que también somos, nos levantamos y nos caemos derruidos, empujados por los que tienen la prisa de la contención sin reflexión. Corremos el riesgo de estar siempre empezando, de habitar sostenidos en los gerundios para olvidarnos de los infinitivos, porque cada vez hay menos distancia entre los tiempos del acoso y derribo, y los tiempos de la regeneración: brotes verdes para siempre.

Justo Gallego construye desde hace más de cuarenta años una catedral que paradójicamente se sustenta sobre desechos de la ciudad. Los escombros de otros espacios sirven para elevar su catedral a lo más alto, no puede haber nada más divino ni más próximo a la locura. Tres cúpulas coronan la proeza, se alzan descaradas sobre un pueblo estupefacto, porque este señor desafía todas las leyes que rigen nuestra contemporaneidad política y social. Es la metáfora viva de la fuerza de una idea, frente a la ignorancia y el afán destructivo de otros empeños.

IImagen tomada del blog El cofre de las sombras (www.gustavosanmiguel.blogspot.com)

Imagen tomada del blog El cofre de las sombras (www.gustavosanmiguel.blogspot.com)

En esta ciudad que es la nuestra, también generamos escombros, edificios muertos antes de tiempo, proyectos truncados y desaparecidos en los combates de las mesas de la dialéctica; así que, esforzados en el reciclaje obsesivo de cada pelo que se nos cae de los cabellos, como héroes y heroínas griegos aferrados a sus tesoros, deberíamos pedirle a Justo Gallego que nos rescate pieza a pieza, parte a parte, que nuestros escombros sostengan, al menos, fragmentos de su quimérica hazaña. Nuestras culturas políticas, festivales de cine desaparecidos, nuestras subvenciones, nuestros creadores y artistas, nuestra reflexión y sentido crítico, nuestro derecho a la discrepancia, a opinar y decidir sobre lo que importa, todos estos restos de una ciudad deshabitada serán los ladrillos imperfectos que se yerguen sobre capiteles, suelos amorfos de escalera, hierros que conforman cúpulas de las catedrales de los conquistadores de lo imposible.

Dicen, los profesores, que la Educación no es gasto, es inversión, y deberíamos añadir los programadores, gestores, directores, comisarios, críticos, cineastas, creadores, artistas, literatos,  etc, que la cultura no es gasto tampoco, es la transfusión necesaria en los tiempos de escasez, un patrimonio inmaterial, en ocasiones, que siempre acaba volviéndose tangible y rentable, que nos empuja al precipicio del discurso, al crecimiento sostenido como individuos, nos atrapa en el pensamiento crítico, la reflexión y la duda.

Imagino un terruño desierto invadido por el humo. Imagino que lo olvido todo y que nadie me cuenta nada nuevo, nada que no haya escuchado antes, nada que no me suene a disco rayado y justificación vacía, y toda esa nada ingente acabará volviéndome invisible hasta desaparecer.

FotoblogARTIUM. Gert

Gert Voor int' Holt 2011

Salburua, Vitoria-Gasteiz. Gert Voor int' Holt 2011

FotoblogARTIUM. César

César San Millán. Fragmentación - Deconstrucción

César San Millán. Fragmentación - Deconstrucción

Tic tac tic tac (tiempo, necesidad, desaliento). Carlos Lalastra

Ayer, involuntariamente y por mudanza, desempolvaba recuerdos. Ocultos en cajas o embalados cuidadosamente, demostrando aquel deseo pasado de preservarlos, me reencontré con mis “tesoros “ de un tiempo. Con esa conocida sensación de lo ya vivido, repasé lo conveniente de nuestra relación. Ni siquiera hacía tanto tiempo que decidí guardarlos coincidiendo con mi último traslado; entonces los encontré “ poco adecuados” para mi nuevo escenario pero reconociéndoles algún valor y procrastinando su Emaús, los almacené con la esperanza de un reencuentro cercano. Leer más de este artículo

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