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La experiencia histórica y la velocidad contemporánea. Primera parte: el contexto europeo

Publicado por blogartium en Julio 27, 2009

Uno de los reproches que se hacen habitualmente a la realidad europea es su excesiva dependencia de la memoria histórica. Algunos ven en ello el origen de la dificultad para dar respuesta a las nuevas condiciones contemporáneas que se expanden por todo el orbe y que son las verdaderas razones de los posibles cambios, en todos los sentidos: desde los valores democráticos, sociales y culturales, cuestiones de sostenibilidad y ecología, hasta las posibilidades innovadoras de las sociedades. Ante un hipotético desaliento europeo debido a la velocidad y progresión de las transformaciones que se muestran con una gran contundencia en todos los ámbitos, parece necesaria una reflexión en clave de conciencia contemporánea que ayude a re-situar la capacidad del viejo continente para afrontar el presente y prever, de alguna manera, las tendencias futuras, ya que se corre el peligro de una dependencia excesiva de los valores históricos (siendo éstos, obviamente, referencias ineludibles, aunque no únicas).

Es una evidencia que en la percepción de lo europeo debemos equilibrar la riqueza histórica (o dicho de otra manera, memorística) con los escenarios que se nos presentan cada vez con más nitidez. Esta pluralidad equilibrada y sostenible (lo histórico y lo contemporáneo) a la que me refiero es la verdadera sustancia que debe sostener el liderazgo del continente europeo (la Unión y sus ciudadanos) frente a la unicidad que se nos plantea desde distintos ámbitos: desde los Estados Unidos, con su gran capacidad de respuesta inmediata, pero con una historia que se encuentra en los bordes de la invención, de la recreación; desde las grandes sociedades asiáticas en plena expansión sin límite, con una gran energía que desbarata los esquemas de construcción democrática arduamente conseguidos a través de los siglos en Occidente, pero con una amplia memoria histórica de la que reniegan; e incluso de las sociedades latinoamericanas que, legítimamente, se hallan en una situación de búsqueda identitaria tras siglos de ignominia de la que nosotros, los europeos, somos responsables. Entretanto, Africa sigue sin existir.

Si este planteamiento tiene visos de ser certero, nos encontramos ante el dilema de formar parte de la contemporaneidad en condiciones de “viejo continente”, es decir, con síntomas de debilidad y agotamiento y una arteriosclerosis que procede tanto de la falta de potencia física y mental, como de la mala conciencia que arrastramos tras comprobar que el mundo que tenemos es en gran medida de fabricación occidental. .

Algunos dirán que es el papel que nos corresponde en el pastel o que la experiencia es un grado, pero, o por otro lado, los europeos, deberíamos ser capaces de responder en términos de asunción contemporánea. Es decir hemos de saber pluralizar nuestras acciones y convertirlas en la respuesta adecuada que compagine la experiencia histórica con la velocidad contemporánea. Se trata, pues, de que las sociedades europeas tomen conciencia de este debate, sordo debate, que se expande cada vez con más fuerza.

Daniel Castillejo

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