Pavlov, ¿en qué piensa Amondarain? Por Carlos Lalastra
abril 11, 2012 1 comentario
No me gusta el Guernica de Picasso, y espero, si no comprensión, sí que al menos, todavía, no sea obligatorio.
No me gusta el Guernica puede que por hartazgo, o puede que por cercano y repetido, o puede ser que sea simplemente porque no me gustan los iconos, y menos ,si estos poseen eco planetario.
No me gustan la pintura ni el arte de cuna conmemorativa, tengan forma de lienzo (normalmente de enormes dimensiones), balsa a la deriva o sobrio pebetero de trémula llama votiva; quizás sea necesario, como ritual de pertenencia a esa catarsis colectiva de reflexión sobre la estupidez humana, o quizás, como bula de recuerdo con forma de exorcismo a la repetición. Pero es un apartado para mi, poco interesante.
El recuerdo, funciona por asociaciones. Un olor, una imagen, un sonido, nos transportan irremediablemente a paraísos o infiernos asociados a ellos.
Aristóteles decía en su “ley de la contigüidad” que “cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente”; más tarde Pavlov, ayudado de su pobre perro, excluyó a la mente del proceso, convirtiendo el condicionamiento en algo incontrolable para la mente, haciendo de la respuesta algo irracional e ingobernable.
Ambos nos encaminan hacia el mundo de la repetición, nos anuncian los bises emocionales con la, tan solo, clonación del estímulo.
Artium, se embarca, a través de José Ramón Amondarain en la deconstrucción del Guernica en un mándala invisible, con el que mediante esa repetición gestual y física, poder entresacar ocultos restos de información, ignorados por estudiosos precursores.
J.R. probablemente no piensa en Picasso cuando gestualiza los siete lienzos invisibles; pero descubre sin duda, a través de la repetición, algún tipo de cercanía emocional con el “gran hombre”. J.R. probablemente piensa en él, o en otras cosas; elucubra, ensoña, imagina, teoriza, a lo largo del proceso de clonación, rehaciendo la obra, haciendo renacer el hecho creativo, trasmutándolo, diferenciándolo de su original oculto, volviéndolo suyo, haciéndolo único.
El valor de diferencia, reside en la consciencia y en el principio generador del deseo de la acción artística. Esta exposición Tiempo y urgencia (Guernica). José Ramón Amondarain del Artium, no habla del Guernica; con la disculpa de un aniversario, habla del deseo como necesidad y de la consciencia como proceso. Esta exposición, no es solo una deconstrucción de la representación de uno de los iconos universales de la pintura, ni es una representación, ni puesta en escena con miniados fotográficos incluidos. Esta exposición es una isla difícil de conquistar, en la que ver mas allá de la imagen representada y abstraernos del lenguaje de representación utilizado nos franquean un umbral de reflexión por encima del aspecto físico de la obra, con la que acercarnos un poco más, al acto esquivo de la creación artística.
Socialmente esta exposición será un homenaje a una fecha infausta, tendrá algo de didáctico y de arqueología artística, pero esa conquista del lenguaje con unas armas tan poco adecuadas, probablemente pase desapercibido a un gran número de visitantes de sus salas.
Como desapercibida pasará esa tímida posdata del su catálogo plurilingüe, en la que se hace referencia a la no exactitud de las medidas físicas de los lienzos; como si de un exorcismo de los derechos genéticos de estos o aquellos herederos del prohombre se tratara.
Y sin embargo esta guerra es de dos, J.R. y Artium; creando un metalenguaje que acerque conceptos, para algunos tan básicos Barrio Sésamo……esto es un original…… aquello es una reproducción; y de aquellos que buscan por todos los medios que su incapacidad perceptiva no los prive de sus derechos vitalicios de nietos de artista reconocido.
Por esto tampoco me gusta el Guernica.
Por cierto Iván Pavlov: ¿en qué piensa Amondarain?.
