Ha sido un privilegio, Juan Hidalgo. Un privilegio tenerte estos días pasados en Vitoria-Gasteiz, recibirte en el museo, verte por los pasillos, por los despachos, por las salas. Ha sido un privilegio verte desplegar tu energía y tu vitalidad a lo largo de todo el proceso de montaje de la exposición, pendiente de cada detalle junto a tu inseparable Carlos. Un privilegio ser testigo de tu amabilidad con todo el mundo, de tu conversación, de tu sentido del humor.
Para mí guardo diez minutos escasos de conversación: dos sillas en mitad de la sala, en un descanso en el barullo del montaje. Conversación intranscendente sobre temas cotidianos (el clima, Ayacata, animales de compañía, algunos amigos). A pesar de mi frágil memoria, el recuerdo perdurará: dos fotos están ya en mi panel de recuerdos, detrás del ordenador. Hasta pronto, Juan Hidalgo, Cage, Duchamp o quien quiera que quieras ser.
Antón Bilbao
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