Uno de los reproches que se hacen habitualmente a la realidad europea es su excesiva dependencia de la memoria histórica. Algunos ven en ello el origen de la dificultad para dar respuesta a las nuevas condiciones contemporáneas que se expanden por todo el orbe y que son las verdaderas razones de los posibles cambios, en todos los sentidos: desde los valores democráticos, sociales y culturales, cuestiones de sostenibilidad y ecología, hasta las posibilidades innovadoras de las sociedades. Ante un hipotético desaliento europeo debido a la velocidad y progresión de las transformaciones que se muestran con una gran contundencia en todos los ámbitos, parece necesaria una reflexión en clave de conciencia contemporánea que ayude a re-situar la capacidad del viejo continente para afrontar el presente y prever, de alguna manera, las tendencias futuras, ya que se corre el peligro de una dependencia excesiva de los valores históricos (siendo éstos, obviamente, referencias ineludibles, aunque no únicas).
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