El aura metálica

Antony Gormley, gran conversador, preguntaba a la concurrencia si en su adolescencia y juventud habían escrito poemas. Como nadie se animaba a confesar, fijó su mirada en mí y me lo preguntó directamente. Le dije que sí y entonces me preguntó que por qué lo había dejado. No supe, claro, qué responder. ¿Quién sabe algo así?

El asunto de la conversación era en realidad que, según defendía el escultor, hay un momento de la vida en que alguien o algo, dentro o fuera de ti, te dice que pasada la adolescencia ya no es tiempo de escribir poemas, o , dejada atrás la niñez, de dibujar por placer. “Le das un papel y unos lápices a un niño y en seguida sabe qué quiere hacer y lo hace”, decía. “Se lo das a un adulto y se queda paralizado”.

Gormley es escultor, pero antes ha sido antropólogo y arqueólogo, por formación. Se nota en su conversación y en su obra. Se podría pensar que algunas de obras que ahora expone en ARTIUM  se asemejan a algunos hallazgos arqueológicos en los que los cuerpos adoptan posiciones poco naturales, inverosímiles. Son esculturas pesadas, inquietantes, que me traen memorias de dolor y sufrimiento, especialmente en las pertenecientes a los años 90.

Las más recientes, sin embargo, son ligeras, sutiles; el cuerpo humano apenas se dibuja en una maraña de vectores,  de “hilos” de acero. Es como un aura metálica, al mismo tiempo definitoria, aisladora y protectora.

Pero en realidad, lo que me impulsó a prometerle a Gormley que esa misma noche volvería a ser el adolescente que escribía poemas (muy malos supongo) fue la mirada de las miles de pequeñas figuras de terracota que integran European Field. Naturalmente, son imaginaciones mías, pero todas ellas parecen mirarte, y como son todas distintas…  Me parece que tienen una mirada triste. Quizás sean los malos tiempos que corren. Los campos de Europa… somos tan distintos pero, en el fondo, tan iguales…

No he cumplido mi promesa, ni sé si la cumpliré. Espero que Gormley sepa perdonarme. Ahora ya tengo una respuesta a su segunda pregunta: un poema, por malo que sea, exige una energía de la que sólo un adolescente dispone. Aunque en realidad son excusas de perdedor, excusas de quien ya perdió la inocencia tiempo atrás.

Antón Bilbao

www.artium.org

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