Sobre la obsolescencia. A propósito de “Tacher’s period, Dickinsons Joint”, de Pepo Salazar

Enrique Martínez Goikoetxea

¿Se puede crecer ilimitadamente con recursos limitados? Esta pregunta está en el origen de movimientos como el decrecimiento –recordemos la charla en ARTIUM de Carlos Taibo hace un par de meses- o en las denuncias a prácticas económicas propias del sistema capitalista. Estoy hablando de la obsolescencia programada de la que todos nosotros somos víctimas. Leer más de este artículo

El ruido y la furia

Pepo, a la derecha, en el montaje de una pieza

Pepo, a la derecha, en el montaje de una pieza

Cito a Faulkner que citaba a Shakespeare: “… y después ya no se escucha más. Es una historia contada por un necio, llena de ruido y de furia, sin ningún significado…”. El ruido (los ruidos) impregnan la atmósfera de la exposición de Pepo Salazar. Por eso me ha hecho recordar una historia que leí hace tiempo. La historia de unas vidas, las de los Compson, que debieron ser prolíficas y terminaron sepultadas por el polvo del tiempo, sin mayor transcendencia.
El polvo del tiempo. Así cubiertos deben acabar muchos buenos propósitos, movimientos, idearios, manifiestos, todos los llamados a cambiar el mundo; arrastrados al sistema, comprados, deglutidos y adaptados. Las chupas con cadenas en tiendas de moda o los piercing en joyerías de lujo. Miró y Dalí en el cuarto de baño de un chorizo con despacho institucional. Los graffitis en los museos (también en éste). Los manifiestos revolucionarios en edición de lujo. La mejor forma de combatir las tentaciones de cambio es adquirirlas, domesticarlas, manipularlas y desactivarlas, convertirlas en una historia llena de ruido y furia, pero sin ningún significado.
Aunque mis gustos musicales y los de Pepo están distantes, él me permitirá citar un verso de los Taupin-John de los primeros tiempos: “…todo ha terminado, Danny Bailey/la cosecha está recogida/Dillinger está muerto/parece que los policías ganan de nuevo…”.
Pepo cuenta algo de esto en la Sala Este Baja, que ha llenado de artefactos ruidosos. No hay descanso. Es como deben de ser las calles de Nueva York, donde ha tenido su estudio. Y en el fondo, a pesar de lo dicho antes, es una exposición cargada de sentido del humor: el largo brazo de una gran rama caída por el temporal toca una sola nota en un sintetizador, una calavera sobre el vientre de una bailarina lanza mensajes satánicos, igual que otra sobre el cono de un altavoz; el Light Prop de Moholy Nagy reconstruido con objetos de “todo a cien”; los juegos de palabras con Judas Priest (como otras veces hizo con Iron Maiden)…
No, no todo es tan gris como puede parecer. Cito a Pepo que cita a Rodchenko: “El futuro es nuestro único objetivo”. Y nuevamente Faulkner. Al final de “El ruido y la furia”, el escritor presenta a sus personajes, a los Compson, blancos, ricos aristócratas sureños, todos muertos o desahuciados, y a algunos más: “Estos otros no eran Compson. Eran negros. (…) Ellos perseveraron”.
PD. Pepo se extendió en la rueda de prensa en la que presentaba Walk Among Us en agradecimientos, algo realmente inusual. El agradecimiento es nuestro también. Estos días nos ha regalado su buen humor y su amabilidad. Y la sorpresa de encontrale todos los días a las ocho y cuarto de la mañana, al pie del cañón. Creo que en nombre de todos, gracias.
Antón Bilbao
www.artium.org

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